Desde que fue nombrado ministro de Educación, Cultura y Deportes, José Ignacio
Wert no da puntada sin hilo. La última de sus excentricidades ha levantado ríos de pólvora.
En pleno debate sobre la independencia de Cataluña, no se le ocurrió otra que asegurar que
quería españolizar a los niños catalanes.

Dicho así, las reacciones no se hicieron esperar. Desde el pasado 11
de septiembre, y apoyado por un millón y medio de personas que
participaron en una
manifestación independentista durante el día de la Diada, el president de la Generalitat de Cataluña, Artur Mas, defiende la celebración de un
referéndum para iniciar dichos trámites.
Y así, con este debate más vivo que nunca, a Wert no se le ocurre otra
cosa que decir que quiere españolizar a los niños catalanes.
Palabras y momento equivocado para decirlo. Pero no su fondo.
Y me explico. Tengo familia catalana y el tema de la educación en los
colegios públicos de Barcelona suele ser un tema de conversación
bastante frecuente.
Sin posibilidad de elección,
los niños se ven condenados a estudiar en catalán todas las asignaturas, -a pesar de que por Ley la lengua vehicular en la enseñanza debe ser el español-
a excepción de un par de horas que dan castellano, a lo que se suma que
se da Historia catalana y no española. Inmediatamente hago memoria de
mi época de estudiante en Sevilla, todo en castellano y, además, con
varias horas a la semana de Lengua y Literatura. Si comparamos ambos
modelos, puedo llegar a pensar que
a los niños españoles en Cataluña los están “catalanizando”.
Pero voy más allá. Un padre catalán que quiera llevar a su hijo a una escuela pública
no tiene posibilidad de elegir entre español (y sí, digo español y no castellano)
o catalán.
Las clases se dan en catalán y si no le gusta no le queda otra que llevar a su hijo a una escuela privada.
No rechazo la riqueza cultural que otorga un segundo idioma. Pero creo
que éste debe llegar cuando se domine a la perfección la lengua y la
historia de tu país. Y por mucho que les pese a algunos, Cataluña sigue
formando parte de España.
Lejos de debates políticos, de referéndum independentistas y de
dardos envenenados, hay que defender una educación pública y libre, en
la que los padres tengan la posibilidad de elegir en qué idioma y qué
historia quieren que estudien sus hijos en el marco de un colegio
público.
No se trata de españolizar a los niños catalanes. Más bien de darles la oportunidad de decidir sobre su educación.
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